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Entre las diferentes fuentes de energía renovables o no convencionales, la opción solar es una de las opciones disponible más importantes. La manera más simple y directa de aprovechar la energía solar es convertir la radiación solar incidente en calor (llamada conversión térmica).

La idea es, primero, capturar toda la radiación solar incidente posible y, luego, entregar una alta fracción de la energía capturada a través de un fluido de trabajo. Hay antecedentes de este tema que datan de la década de 1950, el interés del tema no fue completamente apreciado hasta la crisis del petróleo a mitad de los 70. Desde entonces se ha realizado un gran esfuerzo en el desarrollo de superficies diseñadas para mejorar la emisión solar.

El tipo más común entre ellos es la pareja absorbente-reflector combinando dos superficies, una altamente absorbente y la otra altamente reflectante en el IR. Para producir todos estos tipos de absorbentes los métodos más comunes son la química húmeda, la deposición en vacío y el pintado, cuyos inconvenientes son, respectivamente: contaminación con metales pesados, alto coste de las instalaciones y altas pérdidas en el infrarrojo. En el caso del pintado, las pérdidas ocasionan una baja conducción efectiva del calor absorbido hacia el fluido de transporte disminuyendo con ello su eficiencia. Dado que las posibilidades de aplicación dependen de la temperatura pero no de la eficiencia, pues la energía solar es gratuita, interesa incrementar la temperatura de trabajo pues así se amplia las posibilidades de aplicación. Para alcanzar ese objetivo hay disponer de un material poroso que pueda albergar una fase que reduzca las pérdidas, por tanto hay que diseñar una matriz que soporte una larga exposición al sol sin degradarse.

La tecnología sol-gel permite procesar a baja temperatura recubrimientos por hidrólisis y polimerización de compuestos metalorgánicos cuyo espesor puede controlarse a través de la viscosidad del sol inicial y, debido a la baja viscosidad de éstos, se consiguen revestimientos de escaso espesor. Resultan también materiales con adecuadas prestaciones mecánicas, siendo el proceso sencillo y barato al no requerir grandes instalaciones.

Se trata, pues,  de encontrar un soporte sol-gel, que pueda albergar una fase activa, para el recubrimiento de colectores solares.

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